La dinastía López Beltrán sigue moviendo sus fichas en el tablero político. Andrés Manuel López Beltrán, el segundo hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, acaba de anunciar que se separa de su cargo como secretario de Organización de Morena. ¿El motivo? Nada más y nada menos que ir por una diputación federal por el distrito VI de Tabasco, que comprende los municipios de Centro, Jalapa, Tacotalpa y Teapa. En carta dirigida a la presidenta nacional del partido, Ariadna Montiel, el joven político fue claro: quiere contender por la vía de elección popular, pero dice que esperará los tiempos internos y la ley electoral. Eso sí, todo en «congruencia» con lo acordado por el Consejo Nacional morenista.
¿Y cómo se va? Pues no precisamente con las manos vacías. AMLO Beltrán (como algunos lo apodan ya en redes) presumió que en su año y siete meses al frente de la Secretaría de Organización logró incrementar en más de 10 millones los nuevos afiliados al partido guinda y credencializó a 7 millones de personas. Un dato que, de ser cierto, es un verdadero monstruo de números y que seguramente usará como su carta de presentación ante la militancia tabasqueña. Porque, seamos honestos, el apellido pesa, pero en política no basta con heredar la sangre, también hay que demostrar resultados.
La jugada es clara: López Beltrán menor quiere asegurar un escaño en San Lázaro y, desde ahí, seguir haciendo carrera política. Su papá ya fue presidente, su hermano mayor (José Ramón) se mantiene en el ojo público, y ahora él apunta a la Cámara de Diputados. El distrito VI de Tabasco es territorio claramente morenista, así que si consigue el abanderamiento, tendría muchísimo camino avanzado. Solo falta ver si la dirigencia nacional le bendice la candidatura o si tiene que sudarla en las encuestas internas. Mientras tanto, Morena se queda sin su jefe de organización en pleno año electoral. ¿Coincidencia o estrategia? Ustedes juzguen.


