
La temporada de huracanes 2026 ya está aquí. Este 1 de junio marca el inicio oficial de un periodo que se extenderá hasta el 30 de noviembre, pero los meteorólogos tienen una noticia que, en teoría, debería tranquilizar a los habitantes del Caribe y el Golfo de México: todo apunta a que será una temporada ligeramente menos activa de lo habitual. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) calcula un 55% de probabilidad de que la actividad esté por debajo del promedio. ¿El responsable? El Niño, que se perfila como un evento fuerte o incluso «superior» hacia finales del verano. Históricamente, este fenómeno climático genera mayor cizalladura del viento en el Atlántico y el Caribe, lo que dificulta la formación de tormentas intensas.

Los números concretos del pronóstico de la NOAA, presentado el pasado 21 de mayo, son los siguientes: se esperan entre 8 y 14 tormentas con nombre, de las cuales entre 3 y 6 podrían alcanzar categoría de huracán. De ese total, se prevé que entre 1 y 3 se conviertan en huracanes mayores (categoría 3 a 5). Por su parte, la Universidad Estatal de Colorado (CSU), otro referente mundial en la materia, proyecta 13 tormentas con nombre, 6 huracanes y 2 huracanes mayores. Ambas instituciones coinciden en un mensaje clave: una temporada menos activa no es sinónimo de una temporada inofensiva. Basta con recordar que el devastador huracán Andrew de 1992 ocurrió en una temporada considerada «por debajo del promedio».
El Centro Nacional de Huracanes (NHC) recuerda que el 97% de la actividad ciclónica en el Atlántico ocurre entre junio y noviembre, con septiembre como el mes pico histórico. Por eso, aunque El Niño ponga un freno parcial, las autoridades insisten en la importancia de mantener protocolos de prevención activos. La lista de nombres para esta temporada ya está definida: Arthur, Bertha, Cristobal, Dolly, Edouard, Fay, Gonzalo, Hanna, Isaias, Josephine, Kyle, Leah, Marco, Nana, Omar, Paulette, Rene, Sally, Teddy, Vicky y Wilfred. Quintana Roo, que ha sufrido los embates de huracanes como Wilma (2005) y Delta (2020), observa con atención el comportamiento de la cuenca. Por ahora, el pronóstico da un respiro, pero no una tregua.